El consumo regular de pescado es beneficioso para la salud cerebral

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La salud del cerebro puede verse afectada por factores de estilo de vida modificables. Hoy me hago eco de un interesante estudio que concluye que el consumo de pescado, así como de ácidos grasos omega-3, puede reducir el riesgo de anomalías estructurales cerebrales.

El propósito del estudio fue investigar la relación entre el consumo alimentario de pescado y la estructura cerebral en sujetos ancianos cognitivamente normales.

La salud cerebral en la vejez

La enfermedad de Alzheimer es la causa más común de demencia y se caracteriza por una disminución progresiva en múltiples dominios cognitivos.

En el momento de realizar el estudio se estimaba que más de 24 millones de personas en todo el mundo padecían demencia. Se preveía, así mismo, que esta cifra se duplicase cada 20 años. De este modo, se calcula que 80 millones de personas padecerán demencia en 2040, si por entonces el mundo sigue tal cual.

Actualmente, se considera aceptado por la comunidad médica que el estilo de vida puede modificar el riesgo de padecer demencia. Así, un aumento de la actividad física, una reducción en la obesidad y en el tabaquismo de entre un 10% y un 25% pueden reducir la cantidad de personas que padecen demencia en 1 a 3 millones en todo el mundo.

En esta línea, las enfermedades crónicas resultantes de hábitos de vida poco saludables se han relacionado con un aumento riesgo de demencia.

El consumo regular de pescado es beneficioso para la salud cerebral

En este estudio realizado en 2015 por un equipo internacional de investigadores, se analizaron los datos disponibles sobre 260 individuos cognitivamente normales del Estudio de Salud Cardiovascular.

Se contaba con información sobre el consumo de pescado en el Cuestionario de Frecuencia Alimentaria del Instituto Nacional del Cáncer así como la imagen de resonancia magnética cerebral (IRM) de cada uno de ellos.

La hipótesis de partida, probada en el estudio, es que la frecuencia del consumo de pescado se correlaciona con mayores volúmenes de materia gris en las áreas del cerebro responsables de la memoria y la cognición en una población anciana.

Una segunda hipótesis probada predice que el contenido de ácidos grasos omega-3 del pescado consumido está en sí mismo relacionado con aumentos específicos en el volumen de las regiones cerebrales a las que se dirige la enfermedad de Alzheimer en áreas frontales, temporales y parietales.

En concreto, el consumo semanal de pescado al horno o a la parrilla se asoció positivamente con los volúmenes de materia gris en el hipocampo, precuneus, cingulado posterior y corteza orbital frontal incluso después de ajustar las covariables. Estos resultados no cambiaron al incluir las estimaciones de ácidos grasos omega-3 en el análisis.

Nota: Conviene recordar que el cocinado al horno, y desde luego a la parrilla, no son las formas más adecuadas de preparar los alimentos, siendo preferible la cocción al vapor o los guisos con agua, tal y como detallamos al hablar de una las dietas sanas.

Este estudio demostró que los efectos del consumo de pescado en la estructura cerebral eran independientes de los efectos de los ácidos grasos omega-3. Esto es consistente con estudios previos que demostraron que la suplementación con ácidos grasos omega-3 tiene poco efecto en la prevención de la demencia y no mejora la cognición en pacientes con Alzheimer. Esto no sugiere que los ácidos grasos omega-3 no sean relevantes para la salud del cerebro, como ha sido demostrado en numerosos ensayos.

Sin embargo, puede ocurrir que otros componentes contenidos en peces como el selenio, o en la dieta de individuos que consumen pescado, pueden mejorar la estructura del cerebro y disminuir el riesgo de Alzheimer.

También puede darse el caso de que comer pescado blanco al horno o a la parrilla con cierta regularidad sea un indicador de un estilo de vida más saludable, del cual el consumo de pescado es solo una parte.

En conclusión, los factores relacionados con el estilo de vida, como la dieta, son cada vez más interesantes como otro medio para influir en el riesgo de demencia.

Otros estudios, por ejemplo, han concluido que una mayor ingesta de ácidos grasos omega-3 y una menor ingesta de los productos cárnicos están asociados con un mayor volumen total de materia gris.

Estos datos son de particular relevancia para los médicos que atienden a personas en el rango de edad de 40 a 60 años y para el desarrollo de intervenciones preventivas racionales.

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