La fibra alimentaria protege contra la diabetes de tipo 2

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La Organización Mundial de la Salud (organización dependiente de la ONU) publica de forma regular recomendaciones en materia de salud pública. En el año 2003 un grupo de expert@s de la propia OMS y de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) redactaron un informe técnico titulado Dieta, nutrición y prevención de enfermedades crónicas en el que resumían el estado del conocimiento científico sobre las relaciones entre la dieta y las enfermedades crónicas en ese momento. Una de las conclusiones interesantes era la que me ha llevado a redactar el artículo de hoy, centrado en el papel de la fibra alimentaria en la prevención de la diabetes de tipo 2.

La diabetes de tipo 2, antes conocida como diabetes no insulinodependiente, es la responsable de la mayoría de los casos de diabetes en el mundo. A escala mundial, se calcula que el número de casos de diabetes gira actualmente en torno a los 150 millones. Según las previsiones, esa cifra se duplicará antes de 2025.

La modificación del estilo de vida es el pilar fundamental tanto del tratamiento como de los intentos de prevención de la diabetes de tipo 2. En este otro artículo he profundizado en las recomendaciones generales a nivel de dieta para prevenir la diabetes de tipo 2. Hoy vamos a centrarnos en las investigaciones sobre el papel concreto de la fibra alimentaria.

La fibra alimentaria se puede definir como la parte comestible de las plantas que resiste la digestión y absorción en el intestino delgado humano y que experimenta una fermentación parcial o total en el intestino grueso. La fibra alimentaria cumple la función de ser la parte estructural de las plantas y, por lo tanto, se encuentran en todos los alimentos derivados de los productos vegetales.

La fibra alimentaria protege contra la diabetes de tipo 2

Unos problemas que nos encontramos a la hora de evaluar el papel de la fibra alimentaria en la protección de la diabetes son tanto el frecuente cambio de definición de lo que es la fibra alimentaria en estas décadas recientes como las incoherencias resultantes en las tablas de composición de los alimentos.

Hoy en día, en lugar de hablar de fibra alimentaria se utiliza el concepto de polisacáridos no amiláceos (PNA) y, aunque a menudo se consideran sinónimos, no lo son. En el artículo me he referido a la fibra alimentaria puesto que la “fibra” es un componente de los alimentos que se ha popularizado hoy en día y todas sabemos, aproximadamente, a qué nos referimos, sin embargo, a partir de ahora haré referencia a PNA, por ser el término correcto y el utilizado por la OMS. Espero que no cause confusión en lo importante: sus efectos protectores frente a la diabetes de tipo 2.

El papel de la fibra (o PNA posteriormente) en el desarrollo de la diabetes de tipo 2 ya fue estudiado por Trowell en Uganda hace más de 30 años, cuyos análisis sugerían que la baja frecuencia de diabetes en las zonas rurales de África podía deberse a un efecto protector de las grandes cantidades de PNA (denominados fibra alimentaria) presentes en la dieta, caracterizada por un alto consumo de carbohidratos poco o nada elaborados. El autor formuló también la hipótesis de que, en todo el mundo, la creciente ingesta de carbohidratos muy elaborados, carentes de PNA, había fomentado la aparición de diabetes.

Tres importantes estudios de cohortes (un estudio de seguimiento de profesionales de la salud realizado en varones de edades comprendidas entre los 40 y los 75 años, un estudio sobre la salud de enfermeras de 40 a 65 años, y un estudio sobre la salud de mujeres de Iowa de 55 a 69 años) han mostrado que los PNA (fibra alimentaria) tienen un efecto protector que es independiente de la edad, el Indice de Masa Corporal, el consumo de tabaco y la actividad física.

En muchos estudios experimentales controlados se ha demostrado repetidamente que una alta ingesta de PNA (fibra alimentaria) tiene como resultado una menor concentración de glucosa e insulina en la sangre en las personas con diabetes de tipo 2 y baja tolerancia a la glucosa.

Además, una mayor ingesta de cereales integrales, verduras y frutas (todos ellos ricos en PNA) es un dato característico de las dietas asociadas a un menor riesgo de progresión de los problemas de intolerancia a la glucosa a la diabetes de tipo 2 en los dos ensayos controlados aleatorizados antes descritos.

Así pues, la evidencia a favor de un efecto protector de los PNA (fibra alimentaria) parece sólida. Sin embargo, como los estudios experimentales sugieren que las formas solubles de PNA son beneficiosas y los estudios prospectivos de cohortes parecen atribuir ese efecto protector a las formas insolubles, se ha optado por clasificar la relación como «probable» en lugar de «convincente».

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